19 enero 2014

Mentes Criminales en la Comarca (Parte 1)


Humberto Bridagorda se dirigía temprano a trabajar, cuando el sol arañaba con sus largos dedos luminosos el borde de las lejanas montañas del este. Desató a Morgan, su enorme buey y le colocó los arneses. Luego empezó a labrar el campo con parsimonía, mientras las primeras luces inundaban y teñían su campo de ocre. Un destello en uno de los surcos recién arados llamó su atención cuando volvía la vista hacia atrás. Paró a la bestia y se dirigió a ver qué era aquello que brillaba en su terreno. Apenas tuvo tiempo de dar dos pasos cuando se desmayó y quedó tendido junto a su buey favorito. Cerca de ellos, apuntaba hacia el cielo una hermosa mano, saliendo de la tierra recientemente herida, que lucía en uno de sus dedos un hermoso anillo que despedía mil fulgores en la mañana incipiente. Morgan se volvió hacia su amo y empezó a darle lametones en la cara.



Akerbeltz se encontraba al final de una larga pipa, sentado en una de las sillas de la biblioteca de la posada del señor Mantecona, donde la compañía de Fumadores de Bree Ilustres tenía su sede, observando cómo Llumdelest, la Custodia de los Anales, colocaba unos dibujos sobre un panel de corcho apoyado en una de las paredes, cuando entraron los demás. Derwydd, el primero, saludó a Akerbeltz con un movimiento de cabeza y se sentó en una silla al extremo de la mesa, con semblante serio. Tras él entraron Baranduin, Ileanor, Pk_Lugia y Templeir, que rápidamente ocuparon sus asientos alrededor de la larga mesa, también, con el semblante serio. Akerbeltz miró a cada uno de ellos y tomó la palabra sin más preámbulos:

— Buenos días, gracias por acudir con presteza a la llamada del Cuerno, a continuación Llumdelest os pondrá al corriente del suceso. Llum, por favor...
— Gracias, Aker — dijo Llum — Amatista Peñaclara, como podéis suponer por el nombre, una hobbit de la Comarca, de edad cercana a los 30, apareció ayer por la mañana semienterrada en el campo de un granjero de Delagua. Presentaba varias contusiones, una de las cuales le produjo la muerte, y como podéis observar en los dibujos del panel, estaba vestida como para acudir a una fiesta. No hubo agresión sexual y en su mano derecha portaba un lujoso anillo que al parecer no era suyo. Ambos maridos nos han confirmado este...

— ¿Ambos? — interrumpió Baranduin.
— Eeeh... sí, no había terminado de contaros que hay otra víctima, descubierta por la tarde. Se llamaba Petunia Astalavista, que había superado la veintena hace una década. La encontraron ataviada de la misma manera, enterrada en un pajar de Hobbiton, lucía también una sortija que no se correspondía con su nivel social. También la habían golpeado. Tenéis más detalles y dibujos del anillo en las hojas que os he dejado encima de la mesa.
— Esto no parece cosa de orcos — concluyó Derwydd examinando los dibujos. Parece que nuestro sujeto está especializado en mujeres hobbit.
— Desde luego, ni siquiera un orco podría simular que no ha sido un orco... — contestó Templeir.
— El anillo es su firma, sin lugar a dudas, ¿se sabe su procedencia? — dijo Ileanor
— Tendría que examinarlo de cerca, pero parece de naturaleza élfica, quizá fabricado en Gondolin, durante la Segunda Edad — dijo Baran.
— Es extraño lo del vestido — dijo Pk — muy pocas veces una hobbit se viste de esa manera, salvo en los días de Yulë, que han pasado recientemente.
Sea como sea, esto sólo parece el principio — contestó Aker — Preparad vuestros caballos, salimos hacia la Comarca en media hora.



Gandalf dijo: «Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.»


La Compañía llegó a la posada de Delagua a media mañana, justo a tiempo para la Asamblea de la Comarca, presidida por el Thain Peregrin. Antes de desmontar, Aker se dirigió al grupo y comenzó a dar órdenes.

— Pk_Lugia, Ileanor, no desmontéis, vosotros continuad el camino hasta Hobbiton, para examinar el escenario de la segunda víctima. Derwydd, Templeir, id al campo donde apareció la primera víctima a ver qué podéis averiguar. Maese Baranduin, necesito que acudáis a la recién reconstruida Casa de los Oficiales donde custodian los cuerpos para examinar detenidamente esos anillos. Yo iré con vos para saludar al Oficial y luego me presentaré al Thain. Sed discretos, a los hobbits de la Comarca no les agrada demasiado la Gente Grande. Nos reuniremos a mediodía en la Casa de la Guardia donde nos han habilitado una sala especial.

Pk_Lugia e Ileanor se despidieron y siguieron adelante por el camino atravesando Delagua, hasta llegar a Hobbiton, donde fueron recibidos por la mirada adusta de algunos de los vecinos con los cuales se cruzaban. Siguiendo las indicaciones de algunos amables hobbits, llegaron al granero del señor Astalavista, que se encontraba bastante apesadumbrado y acompañado de familiares y amigos. Ileanor y Pk le dieron sus condolencias y cuando se hubo serenado, el hobbit les indicó el lugar donde había encontrado a su mujer, y les dejó solos. Los dos miembros de la Compañía examinaron minuciosamente el lugar mientras extraían algunas conclusiones.

— ¿Ven tus hermosos ojos de elfa lo mismo que yo, Ileanor?
— Si te refieres al rastro dejado en la paja hasta el lugar donde apareció, sí, y mira, el rastro continúa hasta el exterior — Ileanor y Pk siguieron las marcas en el suelo hasta terminar bajo un almendro, situado en el exterior del granero.
— Sin duda, fue golpeada aquí y arrastrada hasta el interior. Pero no hay rastro de ningún objeto contundente que haya podido usar el sujeto.
— No, y el hecho de llevarla dentro indica que necesitaba tomarse su tiempo para su ritual, lejos de cualquier testigo que pasase por el camino.
— La enterró en la paja, al igual que la primera víctima, que estaba enterrada en la tierra, puede que sienta remordimiento o tal vez simbolice algún tipo de rito religioso...

Mientras tanto, en el campo del granjero Bridagorda, en Delagua...

— Cualquier pista que pudiera haber aquí ha sido destruida por la bestia de carga del granjero, Temp — dijo Derwydd, que se encontraba de cuclillas sobre el terreno.
— Eso parece. No sacaremos mucho en claro aquí...
— No obstante, fíjate en los límites del terreno...
— Está rodeado por una alta cerca, eso significa que sólo hay un sitio por el que tuvo que pasar forzosamente, la...
— ...puerta. Efectivamente. Vayamos hacia allí.

Caminaron lentamente, por delante Templeir, inspeccionando el suelo cuidadosamente, pues como montaraz que era, sabía leer perfectamente cada surco o brizna de hierba del suelo como si se tratase de un libro. Así llegaron por fin a la puerta.

— El suelo está lleno de pisadas, pero puedo distinguir unas huellas grandes que no pertenecen a un hobbit. Llevaba zapatones de orco, pero no era un orco, las pisadas son rectas y los orcos son característicos por su forma de caminar patizamba. Fíjate Der, las huellas que van hacia el campo son más profundas que las que vuelven. Está claro que portaba un peso cuando entró, pero no al salir.
— Mira qué tenemos aquí... Temp — dijo Derwydd agachándose junto a la puerta. — Hay un trocito de tela enganchado a un clavo que sobresale del resquicio de la puerta. Compararemos esta muestra con el vestido que llevaba la víctima, aunque a juzgar por los dibujos, creo que es el mismo. Puedo afirmar sin lugar a dudas que el sujeto la trajo aquí desde otro lugar, seguramente para poder enterrarla sin que nadie le molestase. Rápido, volvamos a la Casa de los Oficiales.

A algunos cientos de metros, en la Casa de los Oficiales, Baranduin, con la pericia que le caracterizaba, examinaba con ayuda de una lente los anillos recuperados de los cadáveres de las hobbits. Akerbeltz hablaba todavía con el Oficial cuando llegó un jinete a toda velocidad y se detuvo frente a la puerta.

— ¡Traigo una carta urgente para el señor Akerbeltz!

Aker la recogió, la leyó y entró rápidamente en la Casa de los Oficiales, en busca de Baranduin. Éste le salió al paso...

— ...he examinado los anillos en profundidad y, como supuse, ambos anillos fueron forjados en Gondolin, la Ciudad Escondida, nada más y nada menos que por Maeglin, hijo de Eöl, el Elfo Obscuro. Están compuestos por una aleación de plata élfica y una pequeña cantidad del metal obscuro conocido como galvorn...
— ¿Galvorn?¿El metal que cayó del cielo?
— Exactamente, el mismo material con el que se forjó la espada Anglachel, y aunque la proporción en los anillos es ínfima, es suficiente como para apreciar un brillo como de fuego pálido en sus bordes. Se decía que Anglachel poseía vida propia, y que podía arrebatar la vida de su dueño. En el caso que nos ocupa, deberíamos evitar que esto saliese a la luz, los hobbits son muy dados a supersticiones y habladurías, y es posible que tuviésemos una avalancha de medianos trayéndonos todo tipo de anillos para examinar. Ah, y por último, la presencia de estos anillos es doblemente extraña, primero porque es impensable que estas joyas hayan llegado a parar a este bucólico rincón del mundo, y segundo, porque es extraño que el asesino colocase a sus víctimas un anillo que vale una fortuna, estamos hablando de que con dos anillos como éstos... ¡podríamos comprar media Comarca!
— Me temo que ahora podremos comprar la Comarca entera — dijo Aker muy serio, y le enseñó la carta que acababa de recibir.


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